sábado, 12 de noviembre de 2011

Bodega Alta Pavina, la sensible Pinot Noir en la recia Castilla


Uno de los vinos que más curiosidad ha despertado de los catados y compartidos en este rincón de sensaciones, ha sido el Pinot Noir de Alta Pavina. Tal es así que nuestros amigos de turismo por España tenían en la lista de lugares a visitar, su bodega, por lo que nos pusimos en contacto con ella y cerramos una visita con comida incluida. Este es el relato de tal experiencia.

La bodega se encuentra muy cerca de la pequeña población de La Parrilla. Es una bodega curiosa porque antes fue una explotación ganadera, donde tenían cerdos, vacas y gallinas, por eso cuando llegas contemplas dos silos grandes de cereal, cosa que además de sorprendente, despista.

En La Parrilla tienen como hijo ilustre a San Francisco de San Miguel, nacido en 1543 y que murió mártir en Nagasaki (Japón)al ser crucificado el 5 de febrero de 1597, siendo beatificado por el Papa Pio IX el 8 de Junio de 1862.

Alrededor de la bodega se encuentran los viñedos con una extensión de 10 hectáreas, el 70% de Pinot Noir y el resto de Cabernet Sauvignon y rodeando a los viñedos un frondoso bosque de pinos. Es una bodega pequeña, casi de las que se denominan “de garaje”, de esas que se respira tranquilidad y buen quehacer. Como asesor técnico tienen a Claude Bourguignon, un gurú francés que trabaja para la bodega de Borgoña Romanée-Conti, posiblemente la bodega con más prestigio del mundo.


Visitamos los viñedos, primero el de Pinot Noir, donde las cepas están en espaldera y la técnica de riego es por goteo. Al probar las uvas de “los nietos” nos damos cuenta de la piel tan fina que tiene. Les llaman “nietos” a los racimos que salen más tarde y por ello no maduran al tiempo que el resto de los racimos de la vid, por lo que al recoger la vendimia, en esta bodega evitan cogerlos. Tan fina como su piel, era el sabor de su pulpa. Como anécdota, las uvas son ovaladas y los racimos muy cerrados.


En el viñedo del Cabernet Sauvignon probamos su pequeña uva, percatándonos de la gran diferencia que hay con la Pinot, tanto en la piel (u hollejo) como en su sabor. La piel es gruesa, lo que le hace ser dura y su sabor, de gran potencia y un pelín ácido. Las uvas en este caso son redondas y los racimos no son tan compactos.



Nos fuimos de ahí a ver la zona de recepción de uva, despalillado y donde tenían los depósitos de acero inoxidable. Los depósitos son pequeños, de solo 9000 litros, y son suficientes debido a la pequeña producción que tienen.



El parque de barricas es en su mayoría de roble francés aunque también disponen de barricas de roble españolas y americanas. El pinot noir requiere que no sean barricas nuevas y la cabernet, lo contrario.



Al final nos enseñaron el tren de embotellado que no tiene etiquetado pues lo hacen manualmente y las jaulas donde las botellas duermen antes de su salida al mercado.




Como remate, un cocido realizado con manos expertas y fuego lento, gracias Chus, y la cata de los vinos. Como colofón un flan con dos texturas de cafés que estaba como para rogarles la receta.




Nos volvimos del corazón de Valladolid encantados de a ver conocido a la gente de Alta Pavina, de conocer la pasión que les dedican a sus vinos y de ser partícipes de todo ello, probando in situ el fruto de su trabajo y entusiasmo.


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