viernes, 29 de marzo de 2013

María 2009 de Alonso del Yerro, Vinazo




Nos reunimos con Juliana y Oscar en el Restaurante Laredo para celebrar su vuelta a España y como son dos personas que disfrutan de vinos poderosos, Miguel nos trajo María de Alonso del Yerro. Esta es una bodega reciente ya que fue en el 2002 cuando el matrimonio, formado por María del Yerro y Javier Alonso, decide dedicar su vida al fascinante mundo del vino. 

Empezaron la casa por los cimientos, sin prisas pero sin pausas. Como primera medida fue contratar los servicios del francés Stephane Derenoncourt, uno de los mejores consultores de vino que hay en el mundo. Con él decidieron donde comprar los terrenos y una vez adquiridas 26 hectáreas en cuatro parcelas  cerca de la burgalesa villa de Roa, construyeron la bodega. Pero Stephane fue más allá y dividió las parcelas en 26 partes para hacer microvendimias y así conocer al detalle cada trozo de tierra. En 2003, recibió su primera vendimia. Más adelante Alonso del Yerro fichó a dos cracks Jordi Solá (que trabajó con Álvaro Palacios) y Lionel Gourgue (un entendido del terroir de Burdeos y con experiencias en Argentina, California y Nueva Zelanda) e incorporaron a su hijo Miguel.


María es su buque insignia. Las uvas proceden de las parcelas Circo y Violeta, todos los viñedos de esta bodega son de tempranillo y en este caso fueron plantados en espaldera en 1989. Ambas parcelas tienen diferentes tipos de suelo, aportando una finura y la otra estructura al vino. El rendimiento del viñedo solamente es de 3.500 kg/Ha.


La elaboración se realiza por separado en depósitos de madera de 60 hectolitros  Una vez realizada la primera fermentación se introduce en barricas bordelesas nuevas de roble francés donde se produce la fermentación maloláctica para continuar con la crianza durante 18 meses. Es un vino que no se filtra y de esta añada se embotellaron 6.500 unidades y 100 magnums.




CATA


Botella bordelesa vestida de forma minimalista, pura sencillez. Volumen Alcohólico 15%. Corcho 8,5

Visual: Picota con borde granate, de capa alta y elegante lágrima que se aferra al cristal en su bajada.


Nariz: Golosa, intensa, potente, cautivadora. Notas de frutos negros maduros (frambuesas, moras), flores azules, tostados, vainilla, chocolate de licor, toffee, balsámicos, tinta china... todo ello con una omnipresencia mineral.

Boca: Entrada musculosa pero elegante, compleja pero golosa y sobretodo muy equilibrada. Estamos ante un vino de 15% donde no hay una arista de alcohol, que posee una buena acidez y unos taninos presentes pero amables. Las frutas maduras, como de compota siguen presentes, al igual que las notas florales, los balsámicos y las notas minerales. Su final es como el horizonte en el mar, casi infinito.

Este vino por el impecable trabajo que transmite, por las sensaciones que te hace sentir, por el momento que te hace disfrutar… te hace soltar una exclamación “Madre de Dios, María... qué vinazo!”   (Precio, sobre los 50€, correcta RCP)

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